Cabra da Peste cerró un gran año en Groove, y ahí estuvimos
Por el Juancho Mazzeo – @largavida.alrock.radio
Empezamos el 2025 con fecha doble del Negro en Las Heras, en el Despacho 24, dos días y dos noches zarpadas, y terminamos el año con la Cabra copando el Groove, ahí al toque de la Suciedad Rural. En el camino, Gamboa saca disco nuevo, la Cabra esta casi terminando su segundo “long play”, hicieron su primer Atenas en La Plata y sus melodías se van expandiendo de boca en boca, haciendo que cada remera en cualquier recital sea motivo de un abrazo, de un compartir. Porque la Cabra es eso, barrio y corazón. Y red, sobre todo red de brazos, de solidaridad, de amor y resistencia.
El calorononón pegaba fuerte abajo del puente del acceso a la República de Pavón en la autopista Rocksario – Caba, tan “juerte” que, te lo juro, vi pasar una lagartija con ojotas por el asfalto mientras esperaba al Gonza de Rodando que me pasara a buscar porque esta vez el Gastón, gran copiloto de mil caravanas, no podía viajar. Pasadas las 5 de la tarde, ya estábamos camino a la Ciudad Autónoma, con un desvío en Campana para comer unos choris en la casa del Seba, un chango que nos compartió su casa y que, para mí, es una síntesis de lo que significa Cabra da Peste: humildad, militancia y generosidad. Es que la ruta da buena suerte y nos permite conocer buena gente, de esas necesarias.
Panza llena, corazón contento y seguimos viaje hacia los bosques de Palermo. La calor había aflojado un toque pero la hidratación seguía siendo más que necesaria, tan “nesaria” como los abrazos de reencuentros con amigues: la tribu chilena, la banda cordobesa de los Viércoles, la familia ampliada alojada en la casa de Vane y Franco, La Plata, Chaco, la República de Mataderos, ufff… qué buenos abrazos.






Como de costumbre, ingresé temprano para ver a Barrios Bajos, porque creo que está bueno bancar a las bandas invitadas, más allá de los años de trayectoria que puedan tener. La banda de Laferre, que cumplió 27 años y estuvo festejando a pleno en los últimos meses, nos regaló casi una hora de sus grandes clásicos, con un sonido impecable y ese maldito rock and roll que les recorre las venas.






El Groove ya estaba a pleno cuando cerró Barrios Bajos, y la ansiedark se puso intensa en la espera de la Cabra hasta que se apagaron las luces y se escucharon los primeros sonidos del Carucha y Eric, para acompañar la presentación del gran Cristian “Lombriz” Cires que dio comienzo a la celebración: Ojalá, Entre la risa, El secreto, Huesos, La jaula, Ironía, Pá que baile, Latino, Hermanos, Argentina, Candombe, Malabares, Quién, Bus al norte, Cuanta policía, Mal en karma, Todas las ratas, Abstinencia, Las voces, Cambios, Semilla, Río de janeiro, La Terraza, Costilla y La vida siempre. Casi dos horas y media para un gran cierre de año, con algunos invitados que habían estado en Atenas: el Chanchín de Supermer K-2, Marcos de Sonidero Insurgente, el adelanto de la fecha de febrero en Quilmes y el pedido de liberación de Daniel Vera, el padre de Adrián, detenido en el Chaco por denunciar en las redes sociales el genocidio en Palestina. Sí, todo arte ES político, y en tiempos de violencia institucional donde el fascismo se disfraza de “libertad”, se hace necesario denunciar y repudiar desde todos los ámbitos posibles los abusos de poder.














Hay que seguir destacando la puesta en escena: luces, sonido, visuales, un trabajo hermoso que se hace para potenciar a la banda por parte del Fer, el Laucha y el Tise, que se completa con Rocío y Emi cuando el escenario es propio.
La avenida Santa Fe nos espera amaneciendo cuando salimos de Groove, luego de despedirnos y prometer prontos reencuentros, para subir a la trafic arrastrando las patas, sonriendo, felices, sabiendo que estamos siendo parte de una banda que no para de crecer en cantidad de seguidores y en calidad musical, que empezó y al toque nos atravesó la pandemia, y luego fue inventando su andar por los barrios, los escenarios y el boca en boca como principal estrategia de militancia musical. Y una vez que vas a verlos, chau, no hay vuelta atrás. Porque te canta a vos, a mí, a los de abajo, porque sus letras nos interpelan, ponen en palabras nuestros sentires, nuestras historias. Y cuando esa comunión sucede, es una huella en el espíritu, una hermosa huella que te seduce y te hace imaginar cómo carajo vas a hacer para estar presente en el próximo encuentro. Es barrio y corazón. Es la palabra que se banca con el cuerpo. Es Cabra da Peste, mi sangre, mis raíces, mi forma de andar.
El regreso fue a medio dormir, para no pasarme de largo, escuchando a PR, en esa ceremonia de invocación que me permite revivir cada recital. A las 9 de la mañana, con el sol acá en medio de la frente, volví caminando el kilómetro y chirola que tiene el camino de tierra del acceso de la Autopista hasta Pavón, sonriendo, disfrutando el sonido de los teros, ladridos de perros y los redondos. Feliz, muy feliz. Porque si algo busca éste gobierno cobarde y perverso, es quitarnos la posibilidad de construir utopías posibles, de esas que nacen de abajo, de la alegría, la celebración, el amor y la solidaridad. Y Cabra es parte de todo eso.
Nos vemos la próxima, ahí en el abrazo del reencuentro.
Pd: qué linda gente la familia da peste.







