La Renga jugó de local en el Parque de la Ciudad y acá sale la crónica del banquete del 2 de abril, recordando que las Malvinas SON argentinas y el agua no se vende.
Por el Juancho Mazzeo – @largavida.alrock.radio
Luego del fallido intento de cruzar la cordillera el 30 de enero, la necesidad de “estar” en un banquete se hacía sentir y mis pensamientos entraron a buscar argumentos sobre el por qué de esa necesidad. Todos los diálogos filosóficos internos que tuve me llevaron un lugar: el momento del abrazo con amigues. Todas las conclusiones pasaron por la sonrisa y el abrazo: con Gastón y el Lean en el bondi, con los pibes de La Vuelta, con los de Cabra, de Episteme, con el Dieguito del sur, con Jorge, el Niko, el Lean de Mataderos, con la Romy. El abrazo del reencuentro, en estos tiempos violentos y deshumanizantes, se hace tan necesario. En una vida cotidiana atravesada por la inmediatez y la virtualidad, el abrazo analógico se siente tan bien.
Y creo que ahí, en ese simple gesto, está el sentido de vivir el rock y lo que nos moviliza para hacer lo que tengamos que hacer y poder estar ahí. Y si no podemos en esa, será en la próxima, pero sabemos que ahí, en ese momento, en esa situación, en esa simple secuencia de sonreír y abrir los brazos para encontrarse, ahí está el todo y no importa nada más.
La calor, la humedark y la ruta, un autopista Córdoba – Rocksario que está detonada. Reencontrarse con la familia y preparar la mochila para viajar. Jueves 2, más calor, más humedad y niveles altísimos de ansiedark, mi sobrina me lleva hasta el puente del Chapuy con la Autopista Rosario – Caba, donde el Tonga y su Lobotour me levantan. Asadazo en Zárate, risas, charlas, trapos, fotos y un video del dron que nunca vimos. Y de ahí al Parque de la Ciudad, lugar que no conocía pero que sí había escuchando de algunos recitales y festivales de rock que han realizado años anteriores.
El caminar hasta la boletería para retirar las acreditaciones fue un anticipo de una gran noche: amistades, trapos y el arte del Javi Quintana y su tribu, dejando en claro que todo arte ES político. Luego de mucho transpirar en el ir por las acreditaciones e ingresar al predio, pudimos observar el tremendo trabajo que hay desde el arte visual para potenciar el banquete: desde la bienvenida hasta las banderas, las frases en diferentes sectores, una de las tablas con Bingo Fuel, el pulpo, las pantallas y los lienzos en el escenario. Ufff, cri-mi-nal. Y cuando comenzó el recital, las cámaras mostraron EL PISO del escenario!!!!!!
A las 7 y media abrió la noche El Tri, con un set de un poco más de una hora donde dejaron en claro que siguen siendo una de las bandas de rock más zarpadas de Latinoamérica. Y sí, fuimos felices, ja!: Perro negro y callejero, Mente rockera, Rock and roll y fiebre, Víctimas inocentes de Cromañón, Todo sea por el rocanrol, Cuando tú no estás, Metro Balderas, El niño sin amor, Todo me sale mal, Nostalgia, El rock nunca muere y Las piedras rodantes.






Sonaron muy bien, altos músicos que tienen un andar muy aceitado y crean un hermoso vínculo con el público, donde los 73 (la renga en nuestra jerga timbera) de Alex Lora contagian ganas de cantar y saltar en cada tema. Impecable.
A las 21.30 se apagaron las luces y el banquete estaba servido: Buena ruta hermano, Buena pipa, Tripa y corazón, A la carga mi rocanrol, A tu lado, Hay un tirano que es para vos, Desnudo para siempre (o despedazado por mil partes), Motoralmaisangre, Ese lugar de ninguna parte, En el baldío, Poder, La vida, las mismas calles, Vende patria clon, Lo frágil de la locura, El cielo del desengaño, El twist del pibe, La banquina de algún lado, Triste canción, Cuándo vendrán, Bien alto, El rito de los corazones sangrando, Míralos, El juicio del ganso, Ser yo, El viento que todo empuja, Oscuro diamante, La razón que te demora. Un respiro de 10 minutos y salimos nuevamente: El rebelde, Panic show, El final es en donde partí y Hablando de la libertad.







Tremendo recital de casi dos horas 45, con un predio con muy mucha gente y una puesta en escena increíble: iluminación, artes visuales, pantallas, sonido. Realmente cada detalle potencia el todo. Y en el arte visual y en la lista de temas, la banda asume un posicionamiento político con el contexto que vivimos. Y eso es innegable y ese posicionamiento está en el ADN de la banda. Destaco los invitados: Manu Barrios de la OTFF que hizo lo que quiso con el bandoneón y El Tri copando el escenario para Triste canción. Aplausos al infinito y más allá.
Disfruté mucho el recital, más allá de esos debates onanistas respecto a qué lista de temas estuvo mejor si la del 2 o la de 4, cada canción tiene un impacto diferente en cada uno de nosotros, en las situaciones personales, familiares o sociales que estamos transitando. “Ser yo” me sigue ubicando en la vida y la disfruto hasta llorar cada vez que suena. Y si no la cantan, seguramente habrá otra que me pegue una patada en medio del pecho. Sucede siempre y es hermoso que ocurra, nos da sentido a la vida.
Volvimos casi arrastrando las patas hasta el bondi, feliz y sonriendo, para subir y desmayarme y recordar algunas partes del viaje con mucha neblina, para despertar y bajarme en la República de Fighiera a las cinco y media de la madrugada.
Qué buen recital, qué tremendo banquete y qué lindo es ir a ver a La Renga.
Che, vayan a vivir un recital, no se van a arrepentir. Nos vemos en la próxima, seguramente en Gualeguaychú el 2 de mayo.
Pd: gracias a La Renga y su familia, por permitir que medios comunitarios y autogestivos podamos realizar la cobertura.







