Intento de crónica de la ceremonia pagana de LFDAA en Jesús María
Por el Juancho Mazzeo y el Gustavo Contreras, para Radio Ferroviaria que está cumpliendo 10 años – @largavida.alrock.radio
Último tramo desde Dean Funes a Cruz del Eje, son casi las 3 de la madrugada y venimos escuchando, como todo viaje de regreso al rancho, a PR “sheriff sheriff sheriff…”. Gustavo dice “que actual que sigue siendo”. Lamentablemente actual.
Nuestro único héroe nos guía en la ruta, que da buena suerte, luego de un día muy pero muy hermoso.
Sábado 10 de la mañana, dejo alimento para las bestias y los gatos okupas que tengo en el patio y llega Gustavo, desde San Marcos por el camino del dique, hasta Cruz del Eje. Nos abrazamos, cargamos la conservadora, equipo de mate y nos vamos a buscar a la Pao, que nos esperaba en la puerta de su casa vestida para la ocasión. Y ahí nos fuimos con el Forcito nuevamente en la ruta, día nublado, frío, gris, sonrisa de oreja a oreja con el audio de la ceremonia del 7 de diciembre amenizando el andar.



Nada de lo relatado puede describir la andsiedark que nos atravesaba desde hace varios días, estado de ánimo que se potencia con el uso de las redes (anti)sociales en el intercambio de mensajes con amigues que el rock nos va regalando. No hace faltar decir que el recital NO comienza cuando se apagan las luces del escenario, sino en el momento en el que el corazón se va acelerando durante los días previos, organizando el viaje, el lugar para ranchar, la comida, la botella con líquido para no deshidratarse, y otros condimentos que ni hace falta nombrarlos. Y el mensaje que se cumple en un 50%: “nos vemos ahí!!!”, un “ahí” que rara vez se cumple porque sabemos que va a estar todo muy invadido y los encuentros terminan siendo de carambola.
Llegamos a Jesús María al mediodía, los trapos se agitaban en cada esquina y sonaban los redondos por todos lados. Llegamos al Camping Los Nogales, una previa organizada por los amigos de Cruz Diablo y Oktubre Viajes, el cielo ya tenía color celeste (no ese celeste antiderechos, un celeste copado) con el sol a pleno, parrilleros echando humo, banderas, amontonamiento de personas compartiendo risas y jarras improvisadas. En el ingreso saludamos a la Valen y el Agu, que siempre es lindo verlos, trabajando en la boletería, y encaramos a buscar caras conocidas y un asador. Llegan unos mensajes de la tribu de Las Catonas “amigo, pasaron cosas, salimos más tarde” y otro de la profe de pilates nos contaba que estaban en ruta nuevamente y que iban a llegar sobre la hora. Mientras respondía lo veo al César, al Samu y toda la familia: abrazos, risas, una picada, un vino y eso que nos hace diferente “quedensé acá ¿qué quieren comer? ¿Qué quieren tomar?”. Listo, tiramos anclas. Es que somos “eso”, otra forma de familia canta el Manu de Sueño, somos “eso” una mezcla rara decía el Korneta. Somos tribu que intentamos transmitir ese espíritu ricotero en el que crecimos: compartimos lo que tenemos y nos cuidamos de la gilada y los cobanis.
Una tarde hermosa, de compartir, de reir, de recordar historias, de abrazos, muchos abrazos: el Gastón y la Caro de Lobotour, el Colo, la tribu de Las Catonas, la banda de Alejandro Korn. A esto venimos, es lo que jamás van a entender quienes no viven el rock.
Asado, vino, amargo obrero, wisky, mates. Faltó una mandarina de postre, ja.










A las cuatro y media levantamos campamento y nos fuimos para el Anfiteatro, un vueltón bárbaro para estacionar estratégicamente y salir fácil de madrugada. Y nuevos mensajes para otra historia: Flor, Carme, Sam (la mexicana) y otro chango que se me escapa el nombre, estaban viniendo desde la Cuenca del Sol y nos teníamos que encontrar porque yo tenía una entrada que me habían dado en el Camping para la mexicana. Es que todo empezó un mes antes con la Flor preguntándome si podía conseguir una entrada para la Pao, que cumple años en éstos días. Llamé a un par de conocidos y el Dieguito de Playrock me guardaba una entrada física. Listo, ya tenemos regalo asegurado. Y luego pasaron cosas: la Flor también quería ir, y la Carme y Sam, la mexicana que esta conociendo nuestro país. Así que a rastrear entradas: “Javi, si te quedan entradas guardame”. Y fueron apareciendo tickets. Es que todo se dio como se debía dar.
Volvemos a la esquina de Córdoba y 9 de julio, a 100 metros del ingreso al Anfiteatro. Seis de la tarde, mientras el sol se muere y el friasononón nos hace extrañar los calzoncillos largos, la señal de la internet colapsada y nosotros tratando sumar a toda la tropa, y a los que se fueron agregando: el Niko, el Lean y el Cani, la secta de los fotógrafos casi completa. La esquina fue escenario de bengalas, tres tiros, cantitos, reencuentros y bebidas de todos los colores. Y mucha, pero mucha familia presente, algo que sigo destacando para un sector rancio y conservador que sigue viendo al rock como un peligro social.
Casi a las 8 encaramos al ingreso, renegar en el control con los ropaprestada y seguir caminando hasta poder ver el escenario, y sonreír. Sonreír de una manera muy muy feliz. Ponemos punto de reencuentro para la salida y ya todo es… tan encantador…
La secta de les fotógrafes se agranda: la Vane de Siquiman, Meli de Dean Funes, otres cordobeses que he visto en alguna marcha, y el Augusto que viene a hacer su primer vallado y su rostro es pura felicidad.
El predio se va poniendo hasta las manos, 27 mil entradas vendidas y agotadas 3 semanas antes.
Diez minutos después de las 9, las luces se apagan y la ceremonia entra en su plenitud: El que la seca la llena, Toxi-taxi, Fusilados por la Cruz Roja, Nike es la cultura, Amnesia, ¿Por qué será que Dios no me quiere?, El infierno está encantador esta noche, Etiqueta negra, Vino Mariani, Sopa de lágrimas (para el Pibe Delete), Salando las heridas, El pibe de los astilleros, Rato molhado, Rock para el negro Atila, Ya nadie va a escuchar tu remera, El tesoro de los inocentes, Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen!, El charro chino, Una piba con la remera de Greenpeace…, Preso en mi ciudad, Unos pocos peligros sensatos, Encuentro con un ángel amateur, To Beef or Not to Beef, Todo preso es político, Todo un palo, De estos polvos futuros lodos, Un ángel para tu soledad. Un respiro y vamos: Mi genio amor, Juguetes perdidos, Mariposa Pontiac / Rock del país, Flight 956, Había una vez…, Jijiji.
Tres horas de otra gran ceremonia, con una escenografía zarpada, muy buena iluminación y el oído mágico del Andy Carbonell en la consola del sonido.
Dos cosas que sigo rescatando y reconociendo: por un lado, la puesta en escena, escenario, pantallas, imágenes, iluminación, sonido. Un combo que permite potenciar la entrega de la banda en cada canción. Y por otro lado, la presencia de familias en esta búsqueda de transmisión cultural intergeneracional, y el sacrificio que significa en estos tiempos poder comprar entradas para 3, 4 o 5, y compartir ese momento. A estos dos puntos le agrego la transmisión por la matrix del recital, para que todes puedan disfrutar, que sea una escusa de encuentro con la familia, con amigues, de verlo en vivo y de estar ahí más allá de las situaciones que padecemos por un gobierno violento y perverso.
Salimos en preocesión, amontonados porque algún/a idiota no dio la orden de abrir las calles que dan de frente al Anfiteatro, para hacer 100 metros en media hora, cruzar las vías y ver a la tribu de Cruz del Eje en la esquina del semáforo y volver a abrazarnos, y sonreír y agradecer y ver el rostro de Sam, en su experiencia de argentinidad al palo, que ríe y dice “mucha adrenalina!!!”, jajaja, y sí, entendió gran parte de cómo vivimos estos momentos.











Rescatamos unas carnes que quedaron del mediodía, porque no solo de rock vive el hombre, con una tira de pan que encontramos en una despensa y emprendimos el regreso, con la voz del Indio de compañía.
Los cuerpos rotos y felices, y contando momentos del recital porque cada uno estuvo por lugares diferentes: la Pao en medio del pogo, el Gustavo casi en la valla y yo caminando casi todo el predio con el Cani y el Lean, haciendo fotos y cantando cada canción. La charla duró unos minutos, hasta que pasamos los controles camineros, luego los copilotos se fueron desmayando. Llegamos a Dean Funes, cargamos nafta, un café y encaramos hacia Cruz del Eje con Último bondi, y ahí termino por el principio. Nos despedimos sabiendo que fuimos testigos de algo que nos trasciende y nos hermana, un sentir difícil de poner en palabras.
Terminamos de escribir la crónica a la distancia, un 25 de mayo, fecha que se reconfigura con letras de los Redondos y del Indio, y coincidimos en que, uno de los movimientos de cultura popular más significativos de las últimas décadas, vuelve a ser refugio y trinchera en tiempos de violencia institucional. Pero sabemos que también es un lugar para construir utopías posibles cuando la noche es más oscura.
Gracias Indio y LFDAA por la entrega amorosa y respetable que nos ofrecen desde el escenario en cada ceremonia.
Nos vemos la próxima, pensando en vos siemPRe…
Pd: gracias Luz, Nacho y a la producción de LFDAA, por permitir que medios autogestivos y comunitarios podamos realizar la cobertura del recital.













